Quéjaste, Sara, de dolor de muelas, porque juzguemos que las tienes, cuando te duelen por ausentes, y, mamando, bocados sorbes y los sorbos cuelas.
De las encías quiero que te duelas, con que estás el jigote aporreando; no lames sacamuelas: ve buscando, si les puedes hallar, un sacaabuelas.
Tu risa es, más que alegre, delincuente; tienes sin huesos pulpas las razones, y el raigón del mascar, lugarteniente.
No es malo, en amorosas ocasiones, el no poder jamás estar a diente, aunque siempre te falten los varones.
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