A monte Edén

¿Porqué al trepar la colinaque de ti fiera me aparta,¡oh grata mansión! mis ojosse llenan de tristes lágrimas?¿Será que, ay de mí, no vuelvahacia ti, mansión amada?Quién lo sabe, que la muertedo quier al hombre acompaña,y acaso de este adiós tiernoun adiós eterno haga;o tal vez quieran los cielos,dulce mansión de mi infancia,que allá cuando fiero el tiempomi cabeza vuelva cana,venga a buscar en tu senouna tumba solitaria.Entonces tú, hogar querido,con tus seibas y tus palmasdarás apacible sombraa mi fúnebre morada-.O quizás la dura manode la mísera desgraciate haga pasar de los míosa las manos ¡ay! extrañas,y al volver yo peregrinode mi fatigosa marcha,no encuentre en ti los semblantesque en otra edad me halagaban;quizá el huracán impíoo el tiempo que ruinas ama,te trueque en dolientes ruinas,sin piedad para mi alma.¡Ah! que entonces quiera el cieloya que a tu seno me traiga,que tu nuevo posesoro del huracán la saña,respeten del desterradolos recuerdos de la infancia.

(Puerto-Rico, 1849.)

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