Aymé!
Y sabías amar, y eras prudente,Y era la primavera y eras bueno,Y estaba el cielo azul, resplandeciente.
Y besabas mis manos con dulzura,Y mirabas mis ojos con tus ojos,Que mordían a veces de amargura
Y yo pasaba como el mismo hielo...Yo pasaba sin ver en donde estabaNi el cruel infierno ni el amable cielo.
Yo no sentía nada... En el vacíoVagaba con el alma condenadaA mi dolor satánico y sombrío.
Y te dejé marchar calladamente,A tí que amar sabías y eras bueno,Y eras dulce, magnánimo y prudente.
... Toda palabra en ruego te fué poca,Pero el dolor cerraba mis oídos...Ah, estaba el alma como dura roca.
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