Espera...
He de darte las manos, espera, todavíaEstá llena la tierra del murmullo del día.La bóveda celeste no deja ver ningunaDe sus estrellas... duerme en los cielos la luna.
He de darte las manos, pero aguarda, que ahoraTodo piensa y trabaja — la vida es previsora —Pero el corazón mío se esconde solitario,Desconsolado y triste por el bullicio diario.
Hace falta que todo lo que se mueve cobreUna vaga pereza, que el esfuerzo zozobre,Que caiga sobre el mundo un tranquilo descanso,Un medio tono dulce, consolador y manso.
Espera... dulcemente, balsámica de calma,Se llegará la noche, yo te daré las manos,Pero ahora lo impiden esos ruidos mundanos;Hay luz en demasía, no puedo verte el alma.
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