Mi hermana

S

on las diez de la noche; en el cuarto en penumbraMi hermana está dormida, las manos sobre el pecho;Es muy blanca su cara y es muy blanco su lecho.Como si comprendiera la luz casi no alumbra.

En el lecho se hunde a modo de los frutosRosados, en un hondo colchón de suave pasto.Entra el aire a su pecho y levántalo castoCon su ritmo midiendo los fugaces minutos.

La arropo dulcemente con las blancas cubiertasY protejo del aire sus dos manos divinas;Caminando en puntillas cierro todas las puertas,Entorno los postigos y corro las cortinas.

Hay mucho ruido afuera, ahoga tanto ruido.Los hombres se querellan, murmuran las mujeresSuben palabras de odio, gritos de mercaderes:Oh, voces, deteneos. No entréis hasta su nido.

Mi hermana está tejiendo como un hábil gusanoSu capullo de seda: su capullo es un sueño.Ella con hilo de oro teje el copo sedeño:Primavera es su vida. Yo ya soy el verano.

Cuenta sólo con quince octubres en los ojos,Y por eso los ojos son tan limpios y claros:Cree que las cigüeñas, desde países raros,Bajan con rubios niños de piececitos rojos.

¿Quién quiere entrar ahora? Oh ¿eres tú, buen viento?¿Quieres mirarla? Pasa. Pero antes, en mi frenteEntíbiate un instante; no vayas de repenteA enfriar el manso sueño que en la suya presiente.

Como tú, bien quisieran entrar éllos y estarseMirando esa blancura, esas pulcras mejillas,Esas finas ojeras, esas líneas sencillas.Tú los verías, viento, llorar y arrodillarse.

Ah, si la amáis un dia sed buenos, porque huyeDe la luz si la hiere. Cuidad vuestra palabra,Y la intención. Su alma, como cera se labra,Pero como a la cera el roce la destruye.

Haced como esa estrella que de noche la miraFiltrando el ojo de oro por cristalino velo:Esa estrella le roza las pestañas y gira,Para no despertarla, silenciosa en el cielo.

Volad si os es posible por su nevado huerto:¡Piedad para su alma! Ella es inmaculada.¡Piedad para su alma! Yo lo sé todo, es cierto,Pero ella es como el cielo: ella no sabe nada.

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