Cuentos del hogar (Antonio Trueba): Apéndice
«No tendrán que decir nuestros hijos:«Ahí estaba el santo árbol cuyo recuerdoevocan llorando nuestros poetas y cronistascuando cantan y narran las glorias y desventurasde la patria, y nuestras madres de familia cuandoarrullan a sus hijos en la cuna; a la sombra deaquel árbol se alzaba una tosca silla de piedradonde los grandes reyes de Castilla se sentabana recibir el homenaje de Vizcaya después dejurar que respetarían y ampararían sus libertades;Doña Isabel II, que era su sucesora, dejó aquíde ser su imitadora, pues ella fue quien derribóaquel árbol y aquella silla, ¡bendecidosde sus progenitores y los nuestros!»No, no tendrán que decir esto nuestros hijos».
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