Discurso del Juez Marcial
Qué platicage apretaoal compás de las boteyaslos ojos como centeyasbriyaban de los mamaos.Marcial estaba atufao,con el gofio se atoraba,y al general le largabaal hablar, cada gargajoque al final de arriba abajocuajao ño Borges estaba.
Causaba hipo la mamadade la gofiera riunión,y ver la geta del nacióncon su cabeza pelada.Siempre compraba paradaen favor del general,y con gañote e metaldaba al porrón cada beso,que se le hinchaba el pescuesocomo lomo de bagual.
Redepente se paróy largó un rilato al trote.Diciendo «que en Lanzaroteha sido en donde nacióel más bravo que pisólas oriyas de esta tierra,porque su cabeza encierraun carcumen nunca visto;y quien con él no ande listoa la fija que lo entierra.
Que al pesar de su inorancia,y su escuro nacimiento,él amostró su talentodende que jue pión de estancia.Y que al fin con su costanciay su natural saber,al cabo alcanzó a tenerun carro de melcachifle.Y tanto le pegó al chifleque General llegó a ser.»
El Marcial es un cogoyoque jiede a bastera freca,no agarra fuego esa yescay es mala pasta pa un hoyo.Hai la quizo dar de crioyopa reboliar una lanza,y al probar su gran pujanzaese canario travieso,cuasi deja a Borges tiesocon un chusaso en la panza.
Al ver tan amargo atrasopa que no se retobaralargó Marcial la tacuaray comenzó a darle abrazos.Por disgracia un cabesaoforsejeando le chantó.Que sin querer lo largócontra el lomo de una silla;y el golpe de sus costillascomo caja retumbó.
A tal cariño y blanduravido que si se quedaba,el rumbo que lo esperabaera el de la sepoltura.Creyó cosa más siguraen tan peliagudo transesalir juera del alcansede ese viejo bagualón,y pegarse una untasiónpara que el mal no lo avance.
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