El escrutinio en Canelones
JULIÁNEn Canelones trunfócon justicia nuestra lista,de los otros, ni la pistaayí siquiera se vio,pero el Juez de paz creyóuna ocasión de primerapara insultar la banderadel orden justo y legal,dando parte a un Trigunalpa que el derecho le diera.
Afigurensé cuñaoslos motivos que tendrían,dicen ellos, que ya habíanpor un decreto abisao,el que en la plaza pegaodende la votación estaba,que el mesmo juez ordenabapor nueva risoluciónsuspender esa inscriciónporqué de ayí se ausentaba.
Comprendieron la jugadalos nuestros en el istanteera fiero y humiyanteel permitir tal tirada,ansí es, que jue protestaday al otro juez se nuembró,el que tampoco yegóconbenido en el pandero,y lo mesmo que el primeroal deber le reculó.
Entonces se hizo yamaral suplente a que viniese,para que todos pudiesensu nombre al menos firmar;él nada tardó en yegar,y sin pretención de alarde,lincontrario del alcaldecumplió bien con su deber,como siempre debe, hacerquien con la lay se rejuarde.
Al ver el otro cuatreroque le salió mal la fiesta,le dio por hacer protestadel modo más altanero;no hubo ni rancho, ni aujerode gente de su camada,que no haiga sido citadasin que perdiera un momento,pa firmar su ducumentoso pena de una estaquiada.
No jue lerdo el tal chancletadispués que vido el montónde los de nuestra openión,creyó burladas sus tretas.
Nos hacía esas gambetaspa esperar otro domingo,y variar con tiempo el pingoganándonos sin sentir,pues tenía que recebiruna mestura de gringos.
Bien pensao era el ardilpa dejarnos a la luna,sin esperanza ninguna,de vencer a tanto vilque en el gran Fierro-carrilles mandarían del centro,a salirnos al encuentro,y ansí, mansitos, a todosatarnos codo con codoy arrastrarnos hasta adentro.
Pero los blancos de ayíson firmes y corajudos,y hay algunos copetadosmás picantes que el ají;y eyos como ¡un ay de mí!Por no quererse doblar,a veces suelen andarde gachos, oliendo el suelo,y hayan todo su consueloen reñir y cospirar.
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