En la primavera

Ungida en blando rocíodespierta amorosa el alba,tímida beldad que en sueñossu amante, el Sol, busca y llama:claros sus ojos azulesde luminosas pestañas,al beber luz en los cielos,la luz al suelo derraman.Salúdala el Santuariocon la voz de la campana,mientras le dice sus himnosen los aires la calandria;y al influjo cariñosode su espléndida mirada,se esponja de amor la tierra,la vida ríe en las plantas.Ancha clámide de nievedesprenden de sus espaldaslos cerros, al anunciarsede abril la augusta mañana;y de las cumbres desciendelibre, saltadora el agua,en elegantes, revueltascintas de cristal y plata.Recibe el amante vallecon flores su desposada;y ella, tras húmedos besos,se aduerme entre verdes algas.Las festivas, redolentes,ligeras brisas, resbalansobre el mar o sobre flores,entre el cielo y las cabañas;y se mecen halagüeñasen mil idas y tornadas,bajo formas infinitasdel hombre las esperanzas.Puesta la popa a la arenay la proa a la bonanza,dejando el refugio amigo,levadas las corvas áncoras,libra las turgentes velasla nave de Dios fiada;que así la ambición fenicia,mostró, surcando las aguas,cual las mercedes del suelopor oro en la mar se cambian.El labrador que abrió el surco,y de sus trojes preciadasarrojó fértil semillacon mano atrevida y franca,cela la espiga nacientesobre campos de esmeralda,mientras que, libres del yugo,los tardos bueyes descansan.Óyense alegres cancionesde las rústicas zagalas:amor las pone en sus labios,bien sentidas, mal calladas,ecos que acaso respondenen su delectable pausaa las trovas que en la nocheprofirió la serenata...Y aún dicen que la doncella,desde la puerta foránea,al huir la blanca lunade la aurora sonrosada,sorprendió junto a la reja,defensa de la ventana,donde no llegan los labios,aunque los ruegos alcanzan,al amante que allí puso,como regalo a la Maya,ramos de fresca verbenaen generosa guirnalda.¡Oh, naturaleza! ¡Oh, madre!Cuando presentas tus galas,amor encuentra do quierasus ofrendas y sus aras.No de otra suerte a tu influjola entumecida crisálidarompe la mística celda,y en metamorfosis rápida,de oro y de carmín lucientesdespliega veloces alas,y vuela al altar de Floraen nueva vida agitada:gusano ayer en su cárcel,gira libre, inquieta, vaga,cual si, guardando memoriade su brevedad pasada,sintiera que no le cabegozar delicias tan anchas.Muge la esbelta novilladesde el otero a distancia;primer celo en que se enciendeal pacer la verde grama...Suma de gala y de fuerza,monstruo de fiereza y gracia,el toro al clamor amantela frente adusta levanta.Por más saciar el olfatolas hondas fosas dilata:enhiestas las finas puntas,rueda la hirviente mirada:juega la flexible colacon ondulantes lazadas;y, azotándose los flancos,cual con serpiente irritada,rayo que en trueno respondepronto al imán que le llama,rápido corno el relámpago,parte, arrolla, triunfa o mata.Los árboles se columpianen el seno de las auras,las aves pueblan el éter;los ríos serenos pasan...Y, en tanto, un eco distante,que el viento interrumpe a ráfagas,trae y lleva los acordesde la primitiva flauta...Son los de la edad de orotrinos de la flauta pánica,recreación de pastores,mientras pacen sus manadasy vense en libre careocorrer del monte a la faldamenudas, ágiles, limpias,de vario color pintadas,generación de Amaltea,las mil esparcidas cabras...Y, en medio al vario conjunto,señor entre sus esclavas,celoso barbón hirsuto,de corona esparramada,y olor genial, que denunciaa los machos de su raza;dispensador de favores,dejando va por do marchavapor de naturaleza,dulce a sus hembras ingrávidas.¡Horizontes de la vida!¡Limitaciones humanas!¡Tal traéis a la memorialas religiones pasadas!Tal veo en el templo egipciola adoración humilladaante el símbolo monstruosodel padre de las Cabañas;y aun más cerca a los sentidoscontemplo en Grecia, hermanadasdeformidades cupídicase idealidades de estatua,y el mito erótico, en dondetriunfa del vigor la graciatras la lid voluptuosaapenas significada,si el torpe bruto rendidotan flojamente se amansa,que sobre sus rudos lomosla gracia gentil cabalga.Así, al contemplar de lejosla mar tranquila, rizadade nívea espuma, que en irislos rayos del sol desata,paréceme ver que nacede las ondas azuladas,bella cual si a mi deseomi libertad la evocaray a mi voluntad surgiera,sensible Diosa pagana,la Venus chíprea, meciéndoseen leve concha de nácar,por cendal de sus contornoslas sueltas madejas áureas,con pompa de blancos Cisnesque sumisos acompañan,y Céfiros y Nereidasque la acercan a la playa.Oigo el plácido conciertode los orbes en la estanciadel Infinito, do viven,giran, se atraen y se aman,y esa sublime armoníaes el suspiro, es el hablade la Creación enteraque suspira enamorada.

¡Bienvenida la inocentehuéspeda, de donde quieraque llegue al humilde techodel triste que la desea!¡Oh mi mansa golondrina!¡Oh mi dulce forastera!¡Bienvenida! A tu llegadamantuve abierta la reja:tu trino suena en mi oído;tus alas, con las esenciasde otras auras de otros climas,mi frente árida refrescan;y con versátiles giroslas vigas añosas cuentas,y reconoces la estanciadonde tus hijos nacieran.¡Aquí fueron tus amores,no turbados por la fiestani por el llanto; aquí fueron,en la paz de esta vivienda!Allí tu nido te aguarda;tus hijos no lo recuerdan:tú vuelves a visitarlo,y yo lo guardé en tu ausencia.Pliega tus nítidas alas,y tus leves plumas peina;reposa, mi peregrina,mi huéspeda y compañera.¡Quién sabe! Acaso tu vueloposaste la vez postreraen la ascética, ignoradachoza del anacoreta.De Tierra-Santa tal vez,nueva peregrina, vengas,y del Líbano doblasteayer las cumbres excelsas.¡Quién sabe! Tal vez ha pocoque, del Sinaí en la cresta,oías los regios salmosque la Religión eleva.Acaso en Jerusaléntus últimos hijos quedan,nacidos junto a un pesebre,como el Redentor naciera.Las sublimes soledadesde aquella cristiana tierracruzaste tal vez, llevadadel Simoún en la carrera.Tal vez de la Palestina,do el sol enciende la arena,rompiendo la estiva calmajadeabas pasajera...O bebiendo en el Jordándel agua de la pureza,para alentar tu caminosobre la triste Judea,volaste en torno a las tumbasdo reposan los Profetas,y en el sepulcro de Cristose oyó tu mística queja.¡Quién sabe! Acaso rasante,desempulgada saeta,mediste de un solo sulcola ya derrumbada Grecia;o acaso de populosas,profanas ciudades vengas,de bordear los palaciosque te cerraban sus puertas,para que los artesonesde esmalte y oro, y las regiasrandas y tapiceríaque al lujo tributa el Persa,y los jarros de la China,y las lunas de Venecia,tu nido de pobre barrono manchase ni ofendiera!-Si así es, mi peregrina,noble avecilla, los deja:¡inhospitalarios sonlos magnates de la tierra!Tuerce tu rumbo del centroa que afluye la riqueza;que es el hombre en la fortunamenos humano que fiera.El escándalo del rico;la risa de las rameras;la orquesta de los saraos;los clarines de la guerra;los tumultos, griteríay ceremoniosas fiestas,estruendos son ofensivosa tu sencilla existencia.Libre en el aire del campo,cuando la aurora despiertas,y con las primeras sombrasdel crepúsculo te albergas:los gozadores del mundo,los que esas ciudades pueblan,cierran sus ojos al día;la noche los desenfrena.Tú eres la hija del ambiente,y del alba, y de las frescasflorecillas amorosasque abril y mayo despliegan.Familiar, pura y sencilla,Dios no puso en ti defensa,y dijo, porque te amaran:«Anuncia, la primavera,»y engéndrese en ti el instinto»de la emigración, y lleva»tu mensaje a cien regiones,»sin errar nunca la senda.»Cruza mares y desiertos,»las ruinas visita, y llega»al asilo en donde mora»la paz en santa modestia.»¡Y fuiste! Y sin duda el dedo,de la sabia Omnipotenciatrazó en el aire el caminoque a cien regiones te lleva...Misterios son tus jornadas,viajes de escondida ciencia,a donde sólo te siguela inspiración del poeta.¡Oh mi mansa golondrinay mi dulce compañera!¡Bienvenida seas al techodel triste que te desea;y así tus hijuelos guardenmemoria de mi vivienda,como yo de ti me acuerdoen los meses de tu ausencia!

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