La gallomagia
Donde hallará el lector menos sapienteque en cada octava asoma un desatino,como al que ensarta coplas de repentele saca el consonante de camino.Mas si hay quien lea, pío o consecuente,mi canto un tanto cuanto calaíno,verá que en tan insípido monólogoburla burlando se establece un prólogo.
¡Cómo ha pasado el tiempo tan esquivo,sobre mis infantiles sensaciones,desde que declinaba el sustantivoMusa, musae en gramáticas lecciones!Cómo ha pasado ya no lo concibo,y aunque entonces tenía sabañones,¡Oh, musa del dolor! ¡cuánto prefieroel tiempo aquel, a ser tu compañero!
¡Perdóname, infeliz! tú que nacistedel suspiro del hombre, y que te bañasen la fuente de lágrimas que existeen el fondo letal de las entrañas;tú a quien la risa del sarcasmo vistea veces con obscenas telarañas,¡Perdóname, infeliz! y entona un cantoque vierta risa y que destile llanto.
De aquéllas que mis ojos anhelantesmiraron tan colmadas de hermosura,visiones del deseo rutilantes,hadas de amor, mujeres de luz pura,no me recuerdes, musa, los semblantes,ni el seno aquel, ni la fugaz cintura,que harto las hallo y veo que, en efecto,están en su pretérito imperfecto.
Si fuesen a lo menos viejas viejas,o sordo yo cual perro a los diez años,no me atormentarían con las quejasde sus no merecidos desengaños.Pero aún tengo memoria y tengo orejas,y ellas se fingen con venéreos paños,y lléganse y me llaman hombre infantepara más ofenderme y que las ame.
¡Amar! ¡amar! ¡quién ama en la caídade las marchitas flores de su alma,cuando ya va diciéndonos la vidaque la muerte dulcísima es la calma!...¡Oh! tú que al melancólico Abasida,para cantar la desterrada palma,le hiciste desdeñar el reino moro.¡Oh, musa del dolor! contigo lloro.
Y aléjame el recuerdo de una guerraen que la Parca se vistió de gloria,que en sangre hermana salpicó la tierray sobre tumbas entonó victoria.Mi corazón, mi pensamiento cierraa los triunfos de efímera oratoria...¡Defendió la justicia el labio mío!...¡Oh, musa del dolor! contigo río.
Yo, para sacudir la pesadumbreque el corazón del bueno despedaza,trepé a caballo a la escarpada cumbre,o a pie en el monte fatigué la caza.Vi nacer, vi morir del sol la lumbre,solo en la soledad... mas hoy rechazami edad cansada fustigar caballos,y para cazador me sobran callos.
Vosotros, que vivís exentos de odios,santos superlativos o Santones,modestos y modernos monipodios,jefes de las políticas facciones;y vosotros también, soberbios Clodiosarchi-magnificentes Anfitriones,soltad una estentórea carcajada...¡Yo confieso que ya no valgo nada!
Y pues que soy la nulidad cantando,nada os importe relegar mi nombre;el tiempo y los sucesos van andando;Dios guía el mundo y deja a cada hombre.Próspero viento a la ambición del mandosopla y trae oro, timbres y renombre,y yo soy búho que, si el viento sopla,retraído a su cueva echa su copla.
Y hasta incorrecta, vaga y perezosasale mi pretendida poesía;por pintar una, me salió otra cosa,como a Orbaneja cuentan sucedía;de suerte que, al cantar en versi-prosacanto de Gallos, que es lo que quería,tengo al pie de esta octava que explicallo,plagiando de Orbaneja el «esto es gallo.»
Y esto es Canto de Gallos, en efeto,sin que se entienda que me fuí a la pechacon gentes de tantísimo respeto,ni traten cosas de pasada fecha.Heraldos hubo que lanzaron retopidiendo por las armas cuenta estrecha,no por rivalidades de gallina,que a más alto concepto se encamina.
Quédese para el Griego y el Troyanola que armaron feroz marimorena,por tan torpe motivo y tan livianocomo el motivo que les diera Elena.Si fue pretexto de que echaron manocon fin siniestro, sea enhorabuena;pero, en suma, el motivo es caso ocultoy se ve sólo a Elena dando el bulto.
¡Así las Sirtes de la vida humanafueron siempre elección de los mortales!La vil codicia, la ambición insanavistió el dolo con púdicos cendales;y así la fuerza todo lo profana,y así buscamos nuestros propios males,y así hay miserias que engrandece Homero,y hazañas hay que mueren sin coplero.
Tú, amiga musa, en la virtud mecida,y acibarada luego en la experiencia,no desdeñes la loa merecidaal denodado empeño y diligenciacon que, dejando su región querida,lanzáronse del mar a la inclemencia,a fiar su justicia en sus patadaslos gallos de las islas Fortunadas.
Cuenta la tradición que un desterradopor no sé qué político misterio,volvió a su hogar, cuando cayó silbadotampoco sé qué obscuro Ministerio.Y trajo un pollo a su calor criadocon el amor que infunde el cautiverio;mas, luego que se vio en su patria amada,vendió el gallo al galán de su criada.
Y era este mozo un vendedor grosero,de los que están a ver lo que se gana,y hacen de aves domésticas rimeroen mitad de la plaza de Santa Ana.El tal cambió su gallo a un zapateropor unos estivales de badana,y el zapatero lo pasó de mano,por copas, a un torero sevillano.
El diestro en toros, jugador bizarrode lances en que van vida o fortuna,tenía en apropósito cotarro,con cautela apartadas una a una,seis del Guadalquivir y seis del Darro,doce jacas de noble y fiera cuna,cuando, para adiestrarlas en la esgrima,tomó el gallo al maestro de obra prima.
Llama el arte gallero gallo-monaal mísero paciente en este juego,y condena por ende al que abandonala lucha y toma las de Villadiego.¡Mas qué emplumada en público matrona,ni qué relapso condenado al fuego,ni qué pulga entre dedos de una viejaal mártir gallo-mona se asemeja!...
Cógenlo de un alón y de una pata,y, así suspenso con cruel destreza,lo abuzan a otro gallo, porque batay en él ofenda con veloz fiereza;y el gallero las plumas le desata,y los gallos le tunden la cabeza,hasta que, sin descanso en su tortura,espira en el rincón de la basura.
¡Y oh tres y cuatro veces fortunadoel que, tras tres, o cuatro, o seis sotanas,muere de un solo golpe degollado,porque soltó el contrario las botanas!...¡Y oh tres mil y más veces desdichadoel que, opreso por garras inhumanas,pierde en raudal heroico su ardimientoy a los cobardes sirve de instrumento!...
En tal estado y bárbara agonía,al que nunca sintió temor ni sustodábanle una paliza cada díalos gallos andaluces a su gusto;que el Polifemo atroz de Andalucía,bárbaro ejecutor de ceño adusto,le aferraba con manos gallicidas,gozando ¡oh, mengua! en verle las heridas.
¡Guay, musa mía, del pastor guerrero,nuevo Viriato y Hércules de España,que en la ferina jaula prisionerola plebe vil con mofas acompaña!¡Guay del gallo del Teide y Guanche fieroa quien el noble rostro en sangre bañauno tras otro audaz gallo villano,porque está preso en enemiga mano!...
Los que amáis el valor y el ardimiento,y despreciáis toda alma humilde y flaca,vedle tras tanto y tanto sufrimientoarrojado en la jaula de una urraca,y a millones de piojos dar sustento,y, por yerba, pisar inmunda caca;vedle, por fin, con noble continentedando la vida sin doblar la frente.
¡Cáscaras! dijo el gladiador cautivo(y esto en parla galluna vale un terno);¡Cáscaras! repitió, y en el altivosemblante le asomó todo un infierno.Y es que, entre medio muerto y medio vivo,con honda pena, o con horror interno,vio entrar con el torero de Sevillaal emigrado que le dio papilla.
Y, entrando, dijo al desterrado el diestro:«Visto que su merced va de condena,»por rezar meramente el padre-nuestro»lléveseme la mona enhorabuena;»y, ya que servir puede de cabestro»con tanto andar y desandar la trena,»le recomiendo al chulo Juan Araña,»que allá lo llevan por cantar la caña.»
-«No dude usted seré su compañero.»-«Su merced verá en él una gran pieza.»-«Yo he sido siempre amante del torero.»-«Estimando, señor, tanta fineza.»-«Y Araña, ¿mata o es banderillero?»-«Las cuelga a media vuelta con destreza,»y salta bravucones al trascuerno,»y mata algunos bichos en invierno.»
Tras este mutuo cambio de favores,el desterrado se llegó a la jaula,y sacó de su lecho de doloresal que el torero apellidó la maula.Y, aunque por su verdugo y los traidoresferido está don Amadís de Gaula,ferido y mal ferido, en voces rudas,tres veces canta en manos de su Judas.
Canto de libertad, que presentíael indomable espíritu guerrero;aura de vida, que la patria envíaal nauta, al peregrino, al extranjero...Así entonaban salmos de alegría,roto de Babilonia el yugo fiero,«¡Israel! ¡Israel!» cantando altivos,los que Jerusalén lloró cautivos.
«¡Israel! ¡Israel!» ¡grito inflamadode los que a su región libres volvían!¡Himno de libertad, canto sagradoque al Dios de las batallas ofrecían!Y de esta suerte el gallo desterradoa quien las auras patrias sonreían,cantó tres veces con acento rudo:«¡Patria del Vengador, yo te saludo!»
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