Los ejercicios de San Ignacio

Al olor que esparciaDe virtud de Jesus la CompañíaViendo en Roma que tantosIban á hacer los ejercicios santos,Por no ser menos que ellos,Pedí licencia al Padre para hacellos.Diómela, y muy contentoMe subió de la mano a un aposento.Pensaba, yo cuitado,Que habia de ser allí muy regalado;Pues dicen que TeatinosSiempre beben decrépitos los vinos,Y tan buenos á vecesQue se pueden beber hasta las heces.Muy bien acomodadosTienen sus aposentos escusados:Que ellos son á quien tocaEl vivir al refran: «¿que quieres boca?»El pensamiento mioMe salió como siempre de vacíoPorque el hado importunoMe tuvo un dia todo casi ayuno,Tanto que por mi gloriaComia muchas veces de memoria.Pero en esta agonía,Como á S. Pablo un cuervo me traiaLa cena tan sucinta,Que de otro ser podia esencia quintaY en viendole decia:«¡Salve, nuncio sagrado de alegriaDel diluvio paloma,Iris de paz que por el monte asoma!»El vino de manera,Que el mismo Baco no lo conociera:Poco, mas bien aguado,Y en jarro con JESUS de azul pintado,Que yo dije mil veces:«Siempre fué mas el ruido que las nueces.»Mas el ver los hermanosTan lucios, tan alegres, tan ufanosCon sustento tan poco.Me tenia confuso y casi loco:Y así formé concetoQue allí habia algun Jordan secreto.Cuando á la misma horaQue en las hermanas siete el carro mora,Oí un manso instrumentoDiscurrir por los cuartos del convento.Y en tanto que le hicieron,En un tropel solícitos salieronMuy alegres y ufanosLos mozos juntamente y los ancianos,Que con oido atentoAguardaban el santo tocamiento.Iban cautando juntosUn prolijo responso de difuntos;En cuya retarguardaIba el Padre Rector con capa parda.Mas con silencio sabioEl dedo puesto en el confuso labio.Cuando todos pasáronY el ángulo del tránsito dobláron,Viendome ya en pos de ellos,Agarré la ocasion por los cabellos.Salí muy cuidadosoDe mi oscuro aposento cavernoso;Y andando discurriendo,Oí de platos un notable estruendo.No era tan indistintoDe Creta el intrincado laberinto,Como desconcertadasLas ciegas del convento encrucijadas.Mas mi ciego sentidoFué sirviendo de perro al grato oido.Después de un grande ratoOí quejarse de la hambre un gatoY dije con decoro:«Estas cenizas son de un gran tesoro.Donde hay juncos, hay agua:Y el aire lleva el fuego de la fragua.»No fué tan sonorosaEn medio de la noche tenebrosaAl pobre peregrino,Incierto del lugar y del camino,La voluble campana,Como oí yo el maullar de buena ganaPor el hilo delgadoEl ovillo saqué tan deseado.Mis deslumbrados ojosAlumbran de un fanal los rayos rojos:Y al entrar de una sala,Que á una gran plaza en lo anchuroso igualaVí una targeta bella,Que apenas con su luz pude leella;Y en rubias letras de oroDecia claramente: AQUÍ ES EL CORO.A una pequeña iciaAcomodé la vista, y blanda orejaAl concierto suaveQue se entonaba en este coro graveQue era (porque me escuches)En vez de sacabuches metebuchesY por ser mas sonoras,En vez de chirimias cantimploras.Echaban contrapuntosHasta verlas estrellas todos juntos.Falsetes no tenian,Que todos los envites admitian.Solo el compas faltaba,Que en su espléndida mesa no se hallaba.Leia mesuradoFinéo en una cátedra sentado:Y hacia tanto efectoLa razon deste médico perfecto,Y tanto en ellos obra,Que todo lo ponian por la obra.Galeno en otra parteDe guardar la salud leia el arte.Otros con nuevos testosLeian decretales sin digestos;Y, porque así conviene,Lo del sesto... lugar secreto tiene.Honraban esta cuadraEn cada esquina que por ella cuadraMuchos bellos pinceles,Milagrosas pinturas del de Apéles,Cuyo rico dibujoEl P. Ignacio de Venecia trujo.Con artificio raroEntre rejas estaba un viejo avaro,Cuya hidrópica fraguaSe apaga con el oro en vez de agua,Cercado de montonesDe gatos cuyas almas son doblones:Y muchos padres destosLos agarraban y cogian prestos.De aquesta enigma rara,O por mejor decir enigma claraPará mayor ornatoDeclaraba una letra su retrato,Diciendo: No te espante,Que semejante quiere á semejante.Estaba agonizandoCon la confusa muerte peleandoOtro que á su cabezaTenia grande suma de riquezaY á morir le ayudaba,Un padre de estos que se la quitaba,Un infierno abreviadoEstaba en otro lienzo dibujadoY de serpientes rufasCuajadas las diabólicas estufas:Y en una muy cerradaEstaba de Teatinos gran manada.Ya que buscaba atentoLa causa de tan grande encerramiento,En una piel marchitaDe un pardo lobo vi esta letra escrita:Porque en el lago AbernoNo se hagan señores del infierno.Quejabase la Hambre,Vestida de sayal y toscó estambre,En otro cuadro bello,Que ponia temor en solo vello,Porque con penas fierasDe allí la desterraban á galeras.Dejo otros laberintosQue, por no estar tan claros y distintosYo vi bien sus figuras,Peregrinos retratos y pinturas:Que siempre en los estremosComunmente lo mas priva lo menos.Atónito callaba,Mirando cuan bien presto todo éstabaPareciendo fingido,hecho Tántalo mudo mí sentido,Con el agua á la boca,Que nunca su dulzura el labio tocaCuando llegó á la cenaA aumentar mi apetito con mi pena,Heliogábalo fieroNo vido sacrificio tan entero.Allí daba Neptuno,Sin perdonar de su region ningunoCocidos los pescadosEn sus nativas conchas encerradosQue la ostra severinaDesde la puerta pasa á la cocina.El dios Baco brindabaY hundia ba irazon que le tocaba,En trasparentes copas nada estrechasA propósito hechas,Y en vásos muy costososAntiguos vinos, limpios y olorosos,La que de sus amoresTuvo por hijo el dios de los pastoresLes daba en sus banquetesMas blancos que la leche los molletes:Y el dios de las montañasLas avarientas nueces y castañas:Y en limpios canastillosLa verde pera y ásperos membrillos,La fructifera diosaEn suficiente copa y abundosa.Y no se estaba PálasEscasa en alumbrar sus anchas salas,Ni al fin de la comidaLes negaba la fruta apetecidaDada con larga manoDel suelo cordoves y sevillano.

Mas como en una fraguaLa llama crece como crece el agua;Así la hambre mia.Mas cercana del fuego, mas creciaQue por estar cerradasMe eran las puertas rémoras pesadas.Estando descuidado,Lamentando entre mí mi triste estado,Advertí que veniaCon mucho desenfado y osadíaUn hermano TeatinoQue en todo parecia el dios del vino,Y en los carrillos flavosAl dios de quien los vientos son esclavosLienzo y rosario en cinta,Zapato de ramplon y gruesa cinta,Y la negra libreaHecha á puros pedazos taraceaBonete de tres altosQue apénas se alcanzara de tres saltos.Y aunque era Teatino,Tenia mas de tea que de tino,Reluciente y sereno,De rostró afable, cariharto y lleno.Mas bien consideradaDesta arpia vision la piel manchadaPor noticia adivinaConocí que era el dios de la cocina,Besé la tierra dura,Y dije el miserere con mesura,Traia nuestro hermanoUn plato encima de otro era una mano.,Que de concha serviaA dos pintadas truchas que traia.Iba con presto vuelo(Que era tambien san-pedro deste sueloY hecho su cumplimientoAl padre provincial de su convento,Dandole el plato dijo(El rostro entre temor y regocijo):»Tome Su Reverencia.»Y perdone, que hacemos penitencia.»Recibiólas suaveEl padre, mas pesado que no grave;Y dióle por respuesta,Levantando la barba mas compuesta:»Su voluntad le abona:»Mire por la salud de su persona.»

Yo que estaba á la puerta,Ví la del cielo en la ocasion abierta,Y con gran desenfadoMe entré en la sala, y dije al gran prelado:»Padre, aquí está presenteQuien ha venido á ser gran penitente.¡Por dios, que es este un hechoQue me provoca á cólera y despecho:Que de aquestos socorrosLos que hacen ejercicios salgan horros!Un bien tan estimableDe suyo habia de ser comunicable.»-Quedáronse pasmados,Atónitos, confusos y admirados;Y no de otra maneraQue si en algún delito los cogiera.Mas con grande mohinaCorrió el Padre al servicio la cortina.«¿Quien, diga, le ha guiado(Me dijo) á un laberinto tan cerradoNingun hombre nacido,Por mas astuto, fuerte y atrevido,Con pasos desigualesPisó deste edificio los umbrales,Desde que el sol da lumbreAl hondo valle y levantada cumbre.La caridad convieneCriarse de aquel mesmo que la tiene:Y en este santo ensayoPrimero es la camisa que no el sayo.Si ejercicios profesa,Ha de ser Cananéa desta mesa;Y en lo que ha conseguidoHa de beber las aguas del olvido.»-

Tener allí quisieraMas lenguas que la fama vocinglera;Y sin falta ningunaPara cada manjar al menos una. -Acepté la partidaMostrando voluntad agradecida;Y como caballeroHice pleito-homenage verdaderoJurando de fielmenteGuardar este secreto eternamenteMas que guarda el avaroEl oro rubio que costó tan caro,,Y el sastre de la obraGuarda el poco retazo que le sobra.Hecho mi juramento,Me volví muy alegre á mi aposento.Y puesto ya en mi casa,Esta es la vida que allá dentro pasa.La tristeza enojosaNunca vió aquella estancia deleitosa,Todo es gozo y holgura,Chipre en jardines, céfiro en soltura;Y segun matemática,El compas de la tierra puesto en práctica.,Esa apartada zonaDebe ser la tierra de CHACONA.

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