¡Oh, cuál te adoro!

¡Oh, cuál te adoro! con la luz del día tu nombre invoco apasionada y triste, y cuando el cielo en sombras se reviste aun te llama exaltada el alma mía.

Tú eres el tiempo que mis horas guía, tú eres la idea que a mi mente asiste, porque en ti se concentra cuanto existe, mi pasión, mi esperanza, mi poesía.

No hay canto que igualar pueda a tu acento cuando tu amor me cuentas y deliras revelando la fe de tu contento;

Tiemblo a tu voz y tiemblo si me miras, y quisiera exhalar mi último aliento abrasada en el aire que respiras. Badajoz, 1845

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