Escribe a Lesbia ausente

Madrugo a la primera luz del día,después de un leve sueño moderado,y sólo tiene el sueño de pesado,no dormir con tus ojos, Lesbia mía.

Me sigue inseparable esta porfía,de mi contemplación y tu cuidado,en la casa, en el monte y en el prado,y en la estación más cálida y más fría;

en la mesa contemplo tu semblante,llega la noche y véote patente;pues aunque el alma me reprenda amante,

¿cómo puede creer que estás ausente,si no hay hora, minuto, ni hay instanteque no te mire en ella muy presente?

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