A raíz del saqueo
Edificios envueltos en densas humaredasy muertos en posturas dolientes o tranquilas;aquí, un caballo rígido; allí, un cañón sin ruedasy entre piedras y yerbas, fusiles y mochilas.
El hedor que lo muerto sin enterrar emite:olor a incendio, a pólvora, a pus, a grasa, a cieno.En una esquina un viejo que sin cesar repitecomo un loco: «Han echado en los pozos veneno.»
Al través de los campos devastados se alejala turba consternada de gente fugitivaque ni habla, ni grita, ni llora, ni se queja...
Decrépita la iglesia entre escombros se esbozay en sus torres de encaje la luna pensativacomo el alma elegíaca de las ruinas solloza.
Bayona, Octubre, 1914.
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