Como aquella otra

Sí, vecina: te puedes dar la mano,esa mano que un día fuera hermosa,con aquella otra eterna silenciosa«que se cansara de aguardar en vano.

Tú también, como ella, acaso fuistela bondadosa amante, la primera,de un estudiante pobre, aquel que eraun poco chacotón y un poco triste.

O no faltó el muchacho periodistaque allá en tus buenos tiempos de modistaen ocios melancólicos te amó

y que una fría noche ya lejana,te dijo, como siempre: «Hasta mañana»...pero que no volvió.

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