Después del olvido

Porque hoy has venido, lo mismo que äntes,con tus adorables gracias exquisitas,álguien ha llenado de rosas mi cuartocomo en los instantes de pasadas citas.

¿Te acuerdas?... Regreso de noches lejanas,aun guardo, entre otras, aquella novelacon la que soñabas imitar, a ratos,no sé si a Lucía, no sé si a Grazziela.

Y aquel abanico, que sentir parecela inquieta, la tibia presión de tu mano;aquel abanico ¿te acuerdas? Trasuntode aquel apacible, distante verano...

Y aquellas memorias que escribiste un día!— un libro risueño de celos y quejas. —¡Rincón asoleado! Rincón pensativode cosas tan vagas, de cosas tan viejas!...

Pero no hay los versos: ¡Qué quieres!... te fuiste!— ¡Visión de saudades, ya buenas, ya malas! —La nieve incesante del bárbaro astío¿no ves? ha quemado mis líricas alas.

... Para que añoranzas? Son filtros amargoscomo las ausencias sus hoscos asedios...Prefiero las rosas, prefiero tu risaque pone un rayito de sol en mis tedios.

Y porque al fin vuelves, después del olvido,en hora de angustias, en hora oportuna,alegre como antes, es hoy mi cabezauna pobre loca borracha de luna!

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