El amasijo

Dejó de castigarla, por fin cansadode repetir el diario brutal ultraje,que habrá de contar luego, felicitado,en la rueda insolente del compadraje.

— Hoy, como ayer, la causa del amasijoes, acaso, la misma que le obligarahace poco, a imponerse con un barbijoque enrojeció un recuerdo sobre la cara. —

Y se alejó escupiendo, rudo, insultante,los vocablos más torpes del caló hediondoque como una asquerosa náusea incesantevomita la cloaca del bajo fondo.

En el cafetín crece la algarabía,pues se está discutiendo lo sucedido,y, contestando a todos, alguien porfíaque ese derecho tiene sólo el marido...

Y en tanto que la pobre golpeada intentaocultar su sombría vergüenza huraña,oye, desde su cuarto, que se comentacomo siempre en risueño coro la hazaña.

Y se cura llorando los moretones— lacras de dolor, sobre su cuerpo enclenque... —¡que para eso tiene resignacionesde animal que agoniza bajo el rebenque!

Mentras escucha sola, desesperada,como gritan las otras... rudas y tercas,gozando en su bochorno de castigada,burlas tan de sus bocas... ¡burlas tan puercas!...

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