El clavel
Fué al surgir de una duda insinuativacuando hirió tu severa aristocracia,como un símbolo rojo de mi audacia,un clavel que tu mano no cultiva.
Quizás hubo una frase sugestiva,o viera una intención tu perspicacia,pues tu serenidad llena de graciafingió una rebelión despreciativa...
Y, así, en tu vanidad, por la impacientecondena de un orgullo intransigente,mi rojo heraldo de amatorios credos
mereció, por su símbolo atrevido,como un apóstol o como un bandidola guillotina de tus nobles dedos.
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