El guapo

El barrio le admira. Cultor del coraje,conquistó, a la larga renombre de osado;se impuso en cien riñas entre el compadrajey de las prisiones salió consagrado.

Conoce sus triunfos y ni aun le inquietala gloria de otros, de muchos temida,pues todo el Palermo de acción le respetay acata su fama, jamás desmentida.

Le cruzan el rostro, de estigmas violentos,hondas cicatrices, y quizás le halagallevar imborrables adornos sangrientos:caprichos de hëmbra que tuvo la daga.

La esquina o el patio, de alegres reuniones,le oye contar hechos, que nadie le niega:¡con una guitarra de altivas cancionesél es Juan Moreira, y él es Santos Vega!

Con ese sombrero que inclinó a los ojoscon esa melena que peinó al descuido,cantando aventuras, de relatos rojos,parece un poeta que fuese bandido.

Las mozas más lindas del baile orilleropara él no se muestran esquivas y hurañas,tal vez orgullosas de ese compañeroque tiene aureolas de amores y hazañas.

Nada se le importa de la envidia ajena,ni que el rival pueda tenderle algún lazo:no es un enemigo que valga la pena...pues ya una vez lo hizo ca...er de un hachazo.

Gente de avería, que aguardan cruelesbrutales recuerdos en los costuronesque dejará el tajo, sumisos y fieles,le siguen y adulan imberbes matones.

Aunque le ocasiona muchos malos ratos,en las elecciones es un caudillejoque por el buen nombre de los candidatosen los peores trances expone el pellejo...

Pronto a la pelea — pasión del cuchilloque ilustra las manos por él mutiladas —su pieza, amenaza de algún conventillo,es una academia de ágiles visteadas.

Porque en sus impulsos de alma pendencieradesprecia el peligro sereno y bizarro,¡para él la vida no vale siquierala sola pitada de un triste cigarro !..

...Y allá va pasando con aire altanero,luciendo las prendas de su gallardía,procaz e insolente como un mosqueteroque tiene en su guardia la chusma bravía.

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