El velorio
Como ya en el barrio corrió la noticia,algunos vecinos llegan consternados,diciendo en voz baja toda la injusticiaque amarga la suerte de los desdichados...
A principios de año, repentinamentemurió el mayorcito... ¡Si es para asustarse:apenas lo entierran cuando fatalmentela misma desgracia vuelve a presentarse!
En medio del cuadro de caras llorosasque llena el ambiente de recogimiento,el padre recibe las frases piadosascon que lo acompañan en el sentimiento...
Los íntimos quieren llevárselo afuera,pues presienten una decisión sombríaen su mirar fijo: de cualquier maneracon desesperarse nada sacaría...
Porque hay que ser hombre, cede a las instanciasde los allegados, que fingen el gestode cansancio propio de las circunstancias:— Paciencia, por algo Dios lo habrá dispuesto!
La forma expresiva de las condolenciasnarra lo sincero de las aflicciones,que « recien » en estas duras emergenciasse aprecian las pocas buenas relaciones.
Entre los amigos que han ido a excusarseuno que otro padre de familia pasaa cumplir, sintiendo no poder quedarse:— ... ellos también tienen enfermos en casa!
Encuentran el golpe realmente sensibleaunque irreparable, saben que sus puestosestán allí, pero... les es imposibleal fin crían hijos y se hallan expuestos...
Como habla del duelo todo el conventillovienen comentarios desde la cocina,mientras el teclado del ronco organillo,más ronco y más grave solloza en la esquina.
Las muchas vecinas que desde tempranofueron a brindarse, siempre cumplidoras,están asombradas... ¡El era bien sano,y en tan corto tiempo: cuarenta y ocho horas!
¡Parece mentira! ¡Pobre finadito!...Nunca, jamás daba que hacer a la gente:¡había que verlo, ya tan hombrecito,tan fino en sus modos y tan obediente!
La angustiada madre, que llorando apurael cáliz que el justo Señor la depara,muestra a las visitas la vieja figuracon que la noche antes él aún jugara.
Y, afanosamente, buscando al acaso,halla entre las vueltas de una serpentina,aquel desteñido traje de payasoque le regalase su santa madrina.
Y la rubia imagen a la cual rezabatruncas devociones de rezos tardíos,¡ha, que unción la suya, cuando comenzaba:«Jesús Nazareno, rey de los judíos»!...
Como esas benditas cosas no la dejan,y ella torna al mismo fúnebre relatoy va siendo tarde, todas la aconsejancariñosamente recostarse un rato.
Muchas de las que hace tiempo permanecencon ella, se marchan, pues no les permitequedarse la hora, pero antes se ofrecenpara algo de apuro que se necesite...
Las de « compromiso » van abandonandosilenciosamente la pieza mortuoria:sólo las parientes se aguardan, orandopor el angelito que sube a la Gloria.
La crédula hermana se acerca en puntillas,a ver, nuevamente, «... si ya está despierto...»y le llama y pone sus frescas mejillassobre la carita apacible del muerto.
En el otro cuarto se tocan asuntosde interés notorio: programas navales,cuestiones, alarmas, crisis y presuntoscasos de conflictos internacionales.
Mientras corre el mate, se insinúan datossobre las carreras y las elecciones,y la «fija, al freno», de los candidatoses causa de algunas serias discusiones.
Como no es posible que en esos instantes,y habiendo muchachas, puedan sostenersesin ningún motivo temas semejantes,los juegos de prendas van a proponerse.
Varios se retiran como pesarososde no acompañarlos: no hay otro remedio,quizás esperasen, sin duda gustosos,si fuerzas mayores que están de por medio...
Y, al dejar al padre menos afligido,a las susurradas frases de la brevetriste despedida, sigue el convenidocasi misterioso: — «Mañana a las nueve».
Comments
Loading comments…