Funerales báquicos

Ayer en la taberna, tristemente,un borracho, pontífice del vino,decía a otro borracho impenitente,bebiendo el primer vaso matutino:

Yo llevo en mi interior un silenciosoGenio o Poder que nunca me abandona:Enemigo ignorado y fastidiosoque mis heridas de placer encona,volcando el agua fuertedel Odio y del Pesar. (Esa agua abundaen las foscas riberas de la Muertey es en el riego del dolor fecunda.)

Por eso mismo tengo indefiniblesrebeldías de lucha deliranteque sólo me hacen ver los imposiblesdonde cae el Esfuerzo a cada instante,torturado y vencido

por la brutal Potencia que condena,diariamente, al espíritu caídoa oir los soliloquios de la Pena.Dominación fatal, conturbadoradel gran Desconocido que me obligaa custodiar el Mal, hora tras hora,arrojando a la espalda la fatiga.

Y es esa tiranía la venganzade un fatídico monstruo cuya manocomo un destino atroz siempre me alcanza.Pero pienso que en día no lejano— cuando caiga debajo de la mesapara nunca jamás ya levantarme —ese Genio que tiene mi alma presaresolverá tal vez, por fin, dejarme.Y entonces habré muerto. Bienvenidala eterna amada, la Libertadora,que al derramar el vino de la vidade mi vaso será la defensora.¡Del terrible licor, del más amargo,me llegarán las gotas como besos,y en el viaje postrer — ¡tan rudo y largo! —tendré un cordial para mis pobres huesos.

Entonces, se oirá un himno de alegríaen todos los cenáculos viciosos,y en el altar de la bodega fría

florecerán los pámpanos gloriosos,i cómo una exuberantefiesta de las vendimias, festejadacon la copa risueña y desbordantesobre el Hastío agobiador alzada!

Los viejos bebedores,musitarán responsos doloridos,en sus báquicos salmos gemidores,escuchando el sermón de los vencidos;y, taciturnos, llenos de unción, bajola santidad de los recuerdos fíeles,mojarán el hisopo de un andrajoen la sangre mortal de los toneles,para rociar mi cajacon sus tenues esencias vaporosas,cuya embriaguez irá hasta mi mortajacubierta de racimos y de rosas.Después urdiendo extraños sacrificios,muy quedo, acaso, seguirán mi entierrolas Brujas como en Sábados de oficios;y más tarde, por último, algún perrolunático, burlón o visionario,— feroz amante de las cosas bellasdesde un negro escondrijo solitarioladrará el epitafio a las estrellas!

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