Los perros del barrio

Ya llegan cansados en rondas hambrientasa husmear buenos trozos entre los residuos:caridad de afables cristianas sirvientasque tienen por ellos cuidados asiduos.

La humildad que baja de sus lagrimalesse trueca en desplantes de ladridos fieros:no en vano regresan de sucios portalescumplida su ingrata misión de cerberos.

Espíritus sabios en sus devociones,ladran sus blasfemias como ángeles malos,pero en los oficios de las contricioneslos mueve a ser santos la unción de los palos.

Tal vez ellos mismos, en noches aciagasson los milagrosos geniales artistas,de bíblicas lenguas, que curan las llagasde anónimos Cristos sin evangelistas...

En las castas horas de amables ensueños,son, regularmente, como nadie parcosen el decir, pero se tornan risueñoscuando beben agua de luna en los charcos.

Gozan la primicia de las confidenciasen los soliloquios de los criminales,y, como sus dueños, buscan las pendenciasy aman los presidios y los hospitales.

De noche, consuelan la angustia infinitade las incurables que en los conventillosdulcemente lloran a la Margaritaque muere en las teclas de los organillos.

Puntuales consignas, jamás olvidadas,son los que despiertan, fielmente severos,a las obreritas, en las madrugadasque anuncian las dianas de los gallineros.

Se entristecen cuando la mujer insulta— ... a ese sinvergüenza que aun no ha venido.Y en su compañía descubren la ocultalejana cantina donde está el marido.

Final de la ofensa nunca perdonada,rencor de los héroes de almas agresivas,gustan la belleza de la puñaladaque alcanza a las locas muchachas esquivas.

Crías corajudas, de castigo eximena las delincuentas famas orilleras,si es que se discute la causa del crimenque apasionó al barrio semanas enteras...

Ponen sus rabiosas babas en los cuentosde las enredistas brujas habladoras,y asisten en días de arrepentimientosa las confesiones de las pecadoras.

Luctuosos de mugre van a los veloriosdonde, haciendo cruces, arañan las puertasy, muy compasivos, gruñen responsoriosy recitan Salves por las novias muertas.

Hallan escondrijos de cosas guardadas,y, cautos, divulgan en el vecindariofórmulas secretas de alquimias, robadasal hosco silencio de algún visionario.

Con mucho sigilo, ferozmente seriosen el amplio, oscuro templo de la acera,celebran sus ritos de foscos misterios,aullando exorcismos contra la perrera.

Custodian el acto, de extrañas figuras,los insospechados de infames traiciones:hay autoritarias torvas catadurasde perros caudillos y perros matones.

Uno, sobre todo, terror de valientes,jamás derrotado volvió a la covacha:¡quizás Juan Moreira le puso en los dientessu daga de guapo sin miedo y sin tacha!

Y hay otro, apacible, gentilmente culto,de finos modales, ingenioso y diestroen estratagemas de escurrir el bulto,y a quien los noveles le llaman Maestro.

Y hay otro, que, cuando la fiesta termina,hablando a los fieles con raro lenguajeparece un apóstol de gleba caninaque dice a las gentes su Verbo salvaje.

Y otro, primer premio de anuales concursos,y que, en saber, ante ninguno se agacha,es una promesa que sigue los cursosde las academias de un perro Vizcacha.

Y otro, que en su orgullo se llama nietzcheano,siempre maculado de fílosofias,en cien bellas frases, de credo inhumano,expone a la Horda tremendas teorías...

Y otro, que con aire de doncel apuestofinge repulsiones hablando de acracia,cuidando la forma de su noble gestoimpone el buen gusto de su aristocracia.

Y otro, que el Domingo va a las conferencias,donde dragonea ya de libertario,afirma que toda clase de violenciases en estos días un mal necesario.

Y otro, patriotero, bravo y talentoso,— nació en Entre - Ríos — elogiando el suelode su cuna, agrega, que en tiempo gloriosofué hermano en Calandria, y hermano en mi abuelo.

Y otro, de impecada flacura de asceta,que a veces fulmina no sé que amenaza,es el escuchado tonante profetaque augura el destino mejor de la Raza.

Y algunos, que acaso fueran ovejerosen las mocedades de sus correrías,relatan historias de gauchos matreroscon quienes pelearon a las policías.

Y otros, caballeros que leen Don Quijotey ya han recibido más de una pedrea,casi pontifican que siempre el azoteha sido recurso de toda ralea...

Y otros, familiares reliquias vivientesque atiende el Estado, sarnosos y viejos,mas con su prestigio de bocas sin dientes,inician a varios que piden consejos.

...Y ahí están. De pronto vuelven, todos juntos,a narrarse, en orden, sus melancolías:pregunta y respuesta, como en contrapuntosde fúnebres salmos que son letanías.

¡Parece que el alma de los payadoreshubiese pasado por sobre la tropa,y que, frente a graves jueces gruñidoresestá Santos Vega y está Juan sin Ropa!

...¿Qué será ese inquieto pavor tumultuarioque desde la sombra llega, a la sordina?¡Cómo si rezasen lúgubres rosarios,de ostiles rumores se puebla la esquina!

Se van galopando... ¿Porque habrán huido?... ¡Qué sola ha quedado la calle! ¡Qué hondala pena del ronco furor del aullido!¿No sientes, hermano? Se aleja la ronda...

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