Vulgar sinfonía

Como las extraordinariaspero irreales doncellasque vieron en las estrellaslas hostias imaginariasde sus noches visionarias,así tus blancas patenasquedarán tan sólo llenasde tu gesto de mujer,porque hoy no podría hacerde segador de azucenas.

Y bien puedo adivinar— pese a una amable indulgenciabajo tu leve elocuencia,que, en la décima vulgarque aquí me atrevo a dejar,tu gentil alma de Franciano ha de aplaudir la arrogancia

de diez bravos caballerosque conversan prisionerosen una lírica estancia.

Pero si no hay madrigalde antigua delicadeza,sobre mi propia rudezatengo una rosa augural:— que ya es flor espiritualpues son mis votos ahora,que eternamente, señora,vivas la olímpica gestadel ensueño, de la fiesta,de los lirios, de la aurora.

Y que tu hijo, el niño aquélde tu orgullo, que ya empiezaa sentir en la cabezabreves ansias de laurel,vaya, siguiendo la fielala de la ensoñación,de una nueva anunciacióna continuar la vendimiaque dará la uva eximiadel vino de la Canción.

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