La ley de la igualdad

La brisa sin igual de esta noche invernal el recuerdo me trae de la mujer que amé coníntima fruición y fervoroso amor.Momentos de pasión renacen en mi ser tan sólo al evocarpasajes que grabó y que nunca borró mi romántico ayer.Sus manos de mujer las siento sobre mí en tierno acariciarel dulzor de sus besos siento entre mis labios calmar la insaciable sedel aroma sin igual de su cuerpo sensual encuentro al aspirarla brisa de esta noche tan galana y tan gentil.

Hoy como aquel tiempo feliz, quisiera yoenajenarme de placer con las cariciasque su amor siempre brindó con frenesí a mi quereren explosiones de ternura y de pasión voraz comprendoque es irrealizable mi ambiciónya sé de sobra hoy que tu afecto mío no es pero con todome atormenta tu recuerdome subyuga y me cautiva en nostálgica prisión.

Si es un pecado amar no se debe culpar al que incurrierapues nuestro corazón sediento de pasión no piensa que hay erroral pretender querer con todo nuestro amor, sin antes comprenderque en todo hay distinción, pues la ley de la igualdad jamás se conoció. Tal vez cometíuna equivocación al creer que tu amorsería eternamente todo mi consuelo, todo mi albedríono contemplé tu rol, no vi mi situación ni cuan distintos somos forjé misilusiones por forjar y nada más.

La vida es cruel y hay que saberla comprenderes un compendio de dolor, de vanidad, de placer.El oropel impuso ya su majestadpor más que ansiamos no encontramos nunca la igualdad.Si amar con fervor impusiera el Creador¿cómo es posible que trunquemos esa ley?demos tributo a tan noble mandamientosin pensar en la opulencia, abolengo o distinción.

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