El zurrón que cantaba

Érase una madre que no tenía más que una niña, a la que quería muchísimo, porque la niña era muy buena; por lo que le había regalado una gargantilla de coral.

Un día le dijo que fuera por un cantarito de agua a la fuente, que estaba fuera del lugar. Fue la niña, y cuando llegó a la fuente, se quitó su gargantilla de coral para que no se le cayese en el pilón a tiempo de llenar el cántaro.

Junto a la fuente estaba sentado un pordiosero viejo, muy feo, que llevaba un zurrón, y que miraba a la niña con unos ojos... que le dieron miedo; y apenas llenó el cántaro, cuando echó a correr y dejó olvidada la gargantilla.

Al entrar en su casa, la echó de menos, y se volvió apresurada a la fuente para buscarla; y cuando llegó, estaba todavía allí el viejo, que cogió a la niña y la zampó en el zurrón. En seguida, se fue a pedir limosna a una casa, diciendo que traía una maravilla, y era un zurrón que cantaba. Ya se ve; las gentes quisieron oírlo, y el viejo dijo con una voz de trueno:

La pobre niña, muerta de miedo, no tuvo más remedio que ponerse a cantar, lo que hizo llorando, de esta manera:

Cantaba tan bien la niña, que a las gentes les gustaba mucho oírla, por lo que en todas partes le daban al viejo mucho dinero porque cantase el zurrón.

Viendo así de casa en casa, llegó a la de la madre de la niña, y conforme esta oyó el canto, conoció la voz de su hija, y le dijo al pobre:

-Tío, el tiempo está muy malo: el viento arrecia y el agua engorda; quédese usted aquí esta noche recogido, y le daré de cenar.

El pobre vino en ello, y la madre de la niña le dio tantísimo de comer y de beber, que se infló, de manera que, después de cenar, se quedó más dormido que un difunto.

Entonces sacó la madre del zurrón a su niña, que estaba el alma mía heladita y desfallecida; le dio muchos besos, bizcochos en vino, y la acostó y arropó en la cama, y en el zurrón metió a un perro y a un gato.

A la mañana siguiente dio el viejo las gracias, y se fue tan descuidado. En la primera casa que llegó dijo, como había dicho el día antes, al zurrón:

Al punto dijo el perro:

- Pícaro, viejo, uau, uau.

Y el gato:

- Perverso, viejo, miau, miau.

Enojado el pobre, creyendo que así cantaba la niña, abrió el zurrón para castigarla; entonces salieron rabiando el perro y el gato, y el gato se le abalanzó a la cara y le sacó los ojos, y el perro le arrancó de un mordisco las narices, y... aunque testigo no he sido, así me lo han referido.

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