Las tres musas últimas castellanas 006

Este cordero, Lisis, que tus yerros sobrescribieron como al alma mía, estando ayer recién nacido el día, de un lobo le cobraron mis dos perros.

En el denso teatro de estos cerros, Melampo aventajó su valentía: ya le viste otra vez, con osadía, defender a tus voces los becerros.

Conoce que soy tuyo en tu ganado, pues, por guardarle, desamparo el mío, y en mi pérdida estimo su cuidado.

Pues te sirven sus dientes y sus brío, recíbele, no pierda desdeñado lo que él merece, porque yo le envío.

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