¿Ves gemir tus afrentas al vencido toro, y que tiene, ausente y afrentado, menos pacido el soto que escarbado, y de sus celos todo el mundo herido?
¿Vesle ensayar venganzas con bramido, y en el viento gastar ímpetu armado? ¿Ves que sabe sentir ser desdeñado, y que su vaca tenga otro marido?
Pues considera, Flor, la pena mía, cuando por Coridón, pastor ausente, desprecias en mi amor mi compañía.
Ofreciose la vaca al más valiente, y con razón premió la valentía: tú me desprecias, Flor, injustamente.
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