Ya viste que acusaban los sembrados secos, las nubes y las lluvias; luego viste en la tempestad temer el riego los surcos, con el rayo amenazados.
Más quieren verse secos que abrasados, viendo que al agua la acompaña el fuego, y el relámpago y trueno sordo y ciego; y mustio el campo teme los nublados.
No de otra suerte temen la hermosura que tuyos mis ojos codiciaron, anhelando la luz serena y pura;
pues luego que se abrieron, fulminaron, y amedrentando el gozo a mi ventura, encendieron en mí cuanto miraron.
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