O ya descansas, Guadiana, ociosas tus corrientes en lagos que ennobleces, o líquidas dilatas a tus peces campañas en las lluvias procelosas;
o en las grutas sedientas tenebrosas los raudales undosos despareces, y de nacer a España muchas veces te alegras en las tumbas cavernosas;
émulos mis dos ojos a tus fuentes ya corren, ya se esconden, ya se paran, y nacen sin morir al llanto ardientes.
Ni mi prisión ni lágrimas se aclaran: todo soy semejante a tus corrientes, que de su propio túmulo se amparan.
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