Miro este monte que envejece enero, y cana miro caducar con nieve su cumbre que, aterido, oscuro y breve, la mira el sol, que la pintó primero.
Veo que en muchas partes, lisonjero, o regala sus hielos, o los bebe; que, agradecido a su piedad, se mueve el músico cristal libre y parlero.
Mas en los Alpes de tu pecho airado, no miro que tus ojos a los míos regalen, siendo fuego, el hielo amado.
Mi propia llama multiplica fríos, y en mis cenizas mismas ardo helado, envidiando la dicha de estos ríos.
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