Embravecí llorando la corriente de aqueste fértil cristalino río, y cantando amansé su curso, y brío: ¡tanto puede el dolor en un ausente!
Miréme en los cristales de esta fuente antes que los prendiese el hielo frío, y vi que no es tan fiero el rostro mío, que no merezca ver tu luz ardiente.
Dejé sus aguas ricas de despojos, cubrió, Isbela, de incienso tus altares, coronélos de espigas a manojos.
Sequé, y crecí con agua, y fuego a Henares, y tornando en el agua a ver mis ojos, en un arroyo pude ver dos mares.
Comments
Loading comments…