Dejad que a voces diga el bien que pierdo, si con mi llanto a lástima os provoco; y permitidme hacer cosas de loco: que parezco muy mal amante y cuerdo.
La red que rompo y la prisión que muerdo y el tirano rigor que adoro y toco, para mostrar mi pena son muy poco, si por mi mal de lo que fui me acuerdo.
Óiganme todos: consentid siquiera que, harto de esperar y de quejarme, pues sin previo viví, sin juicio muera.
De gritar solamente quiero hartarme. Sepa de mí, a lo menos, esta fiera que he podido morir, y no mudarme.
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