Espíritu gentil, rara belleza, valor inmenso, afable cortesía, dirección admirable, y gallardía la mayor que se vio, y de más firmeza.
Cendrada lengua, Angélica presteza, desdén esquivo, suma bizarría, como a vos a ninguna, Silvia mía, jamás lo quiso dar naturaleza.
Sólo el que no ha sabido conoceros podrá vivir, Señora, sin amaros, y mayor desventura no es posible.
Mas yo, que merecí gozar de veros, y hallo tanta gloria en contemplaros, dejaros de adorar es imposible.
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