Soñé que el brazo de rigor armado, Filis, alzaba contra el alma mía, diciendo: «Este será el postrero día que ponga fin a tu vivir cansado».
Y que luego, con golpe acelerado, me dabas muerte en sombra de alegría, y yo, triste, al infierno me partía, viéndome ya del cielo desterrado.
Partí sin ver el rostro amado y bello; mas despertose de este sueño un llanto, ronca la voz, y crespo mi cabello.
Y lo que más en esto me dio espanto es ver que fuese sueño algo de aquello que me pudiera dar tormento tanto.
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