Del sol huyendo, el mismo sol buscaba, y al fuego ardiente cuando el fuego ardía; alegre iba siguiendo mi alegría, y, fatigado, mi descanso hallaba.
Fue tras su libertad mi vida esclava, y corrió tras si vida el alma mía; buscaron mis tinieblas a su día, que dando luz al mismo sol andaba.
Fui salamandra en sustentarme ciego en las llamas del sol con mi cuidado, y de mi amor en el ardiente fuego;
pero en camaleón fui transformado por la que tiraniza mi sosiego, pues fui con aire de ella sustentado.
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