De tantas bien nacidas esperanzas del doméstico amor y dulce vida, burlas, ingrata Silvia fermentida, con desdenes, con celos, con tardanzas.
No arroje más tu brazo airadas lanzas del pecho a la pirámide escondida; que ya no dan lugar a nuestra herida las que en ella te rinden alabanzas.
Confieso que de incienso en tus altares con sacrílega mano al fuego ardiente del no prudente dios preso con grillo.
Si me castigas dándome esos males, no me mates, que un muerto no lo siente: dame vida, y así podré sentillo.
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