La profecía en su verdad quejarse, la muerte en el desprecio enriquecerse, el mar sobre sí propio enfurecerse, y una tormenta en otra despeñarse.
Pronunciar su dolor, y lamentarse el viento entre las peñas al romperse desmayarse la luz, y anochecerse es nombrar vuestro Padre y declararse.
Mas veros en un leño mal pulido, Rey en sangrienta púrpura bañado, sirviendo de martirio a vuestra Madre.
Dejado de un ladrón, de otro seguido, tan solo, y pobre a no le haber nombrado, dudaron gran Señor si tenéis Padre.
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