Si dávidas quebrantan peñas duras, la de tu sangre nos quebranta y mueve, que en larga copia de tus venas llueve fecundo amor en tus entrañas puras.
Aunque sin alma somos criaturas a quien por alma tu dolor se debe, viendo que el día pasa oscuro y breve y que el sol mira en él horas oscuras.
Sobre piedra tu iglesia fabricaste; tanto el linaje nuestro ennobleciste, que, Dios y Hombre, piedra te llamaste.
Pretensión de ser pan nos diferiste; y si a la tentación se lo negaste, al Sacramento en ti lo concediste.
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