Las tres musas últimas castellanas 079

A maldecir el pueblo, en un jumento, parte Balán profeta, acelerado; que a maldecir cualquiera va alentado: tal es el natural nuestro violento.

Dios, que mira del pueblo el detrimento, rey en guardar su pueblo desvelado, clemente, opone a su camino, armado de su milicia, espléndido portento.

Obedece el jumento, no el profeta; y cuando mereció premio y regalo, más obstinado a caminar le aprieta.

Teme la asnilla al ángel, sufre el palo: y halló el cielo obediencia más perfecta en mala bestia que en ministro malo.

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