Llámanle rey, y véndanle los ojos, y quieren que adivine, y que no vea; cetro le dan, que el viento le menea; la corona, de juncos y de abrojos.
Con tales ceremonias y despojos, quiere su rey el reino de Judea: que mande en caña, que dolor posea, y que ciego padezca sus enojos.
Mas el Señor, que, en vara bien armada de hierro, su gobierno justo cierra, muestra en su amor clemencia coronada.
La paz compra a su pueblo con su guerra; en sí gasta las puntas y la espada: aprended de Él los que regís la tierra.
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