Dícele a Judas el Pastor Cordero cuando le vende: «¿A qué viniste, amigo? Del regalo de Hijo, a mi castigo; de oveja humilde y simple, a lobo fiero;
»de apóstol de mi ley, a carnicero; de rico de mis bienes, a mendigo; del cayado a la horca, sin mi abrigo; de discípulo, a ingrato despensero.
»Véndete, y no te vendas, y mi muerte sea rescate también a tus traiciones: no siento mi prisión, sino perderte.
»El corcel que a tu cuello le dispones, Judas, ponle a mis pies con lazo fuerte: perdónate, y a mí no me perdones.»
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