La voluntad de Dios quiere eminente que nos salvemos todos, ¡oh Licino! No asista sola a tu fatal camino de Dios la voluntad antecedente.
Merezca a su piedad la subsecuente, tu virtud con su auxilio, y el divino rayo preceda siempre matutino a la noche envidiosa y delincuente.
¿Viste a Bellio caer precipitado en las verdes promesas de la vida, y en horror de suceso desdichado?
Prevenga tu conciencia tu partida: que madruga la muerte en el pecado, y antes será pasada que creída.
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