Buscas en Roma a Roma, ¡oh peregrino!, y en Roma misma a Roma no la hallas: cadáver son la que ostentó medallas, y tumba de sí propio el Aventino.
Yace donde reinaba el Palatino; y limadas del tiempo, las medallas más se muestran destrozo a las batallas de las edades que blasón latino.
Sólo el Tibre quedó, cuya corriente, si ciudad la regó, ya, sepultura, la llora con funesto son doliente.
¡Oh, Roma!, en tu grandeza, en tu hermosura, huyó lo que era firme, y solamente lo fugitivo permanece y dura.
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