Sabe, ¡oh rey tres cristiano!, la festiva púrpura, sediciosa por tus alas, deshojarse las lises con las balas, pues cuanto te aventura, tanto priva.
Sabe, ¡oh humana deidad!, también tu oliva armar con su Minerva a Marte y Palas, y, laurel, coronar prudentes galas, y, próvida, ilustrar paz vengativa.
Saber poner tu púrpura en tus manos, decimotercio rey, con prisión grave, tu esclarecida madre y tus hermanos.
Tu oliva, ¡oh gran monarca!, poner sabe en tu pecho los tuyos soberanos, con la unidad que en los imperios cabe.
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