Amagos generosos de la guerra en esa mano diestra esclarecidos militan, y estremecen referidos, y el ademán ejércitos encierra.
El pino, que fue greña de la sierra y copete de cerros atrevidos, fulminando con hierros sacudidos, rígida era amenaza de la tierra.
La caña descansó el temor al día en que tu lanza aseguró campañas que ardor disimulado prometía;
figurando, en la entrada de estas cañas, cortés y religiosa profecía, la de Jerusalén a tus hazañas.
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