Descansa, mal perdido en alta cumbre, donde a tantas alturas te prefieres; si no es que acocear las nubes quieres, y en la región del fuego beber lumbre.
Ya te padece, grave pesadumbre, tu ambición propia; peso y carga eres de la Fortuna, en que viviendo mueres: ¡y esperas que podrá mudar costumbre!
El vuelo de las águilas que miras debajo de las alas con que vuelas, en tu caída cebarán tus iras.
Harto crédito has dado a las cautelas. ¿Cómo puedes lograr a lo que aspiras, si, al tiempo de expirar, soberbio anhelas?
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