Si son nuestros corsarios nuestros puertos; si usurpa primavera belicosa al invierno, estación facinerosa con cielo armado y con escollos yertos;
si caudal sumergidos y hombres muertos, la voz que gime el Ponto procelosa, no acuerdan la conciencia perezosa, más estamos difuntos que despiertos.
Tú, Señor, ligas en tu diestra mano tempestades sonoras, ondas frías, fabricando en azote el Océano.
Por cobradores tuyos nos envías hoy la borrasca, ayer el luterano, y ejecutores son horas y días.
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