En el mundo naciste, no a enmendarle, sino a vivirle, Clito, y padecerle; puedes, siendo prudente, conocerle; podrás, si fueres bueno, despreciarle.
Tú debes, como huésped, habitarle y para el otro mundo disponerle; enemigo de l'alma, has de temerle, y, patria, de tu cuerpo, tolerarle.
Vives mal presumidas y ambiciosas horas, inútil número del suelo, atento a sus quimeras engañosas;
pues, ocupado en un mordaz desvelo, a ti no quieres enmendarte, y osas enmendar en el mundo tierra y cielo.
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