Desembaraza Júpiter la mano, derrámanse las nubes sobre el suelo, Euro se lleva el sol y borra el cielo, y en noche y en invierno ciega el llano;
tiembla, escondido, en torres el tirano, y es su guarda, su muro y su recelo; y erizado temor le cuaja en yelo cuando el rayo da música al villano.
¡Oh serena virtud! El que valiente y animoso te sigue, en la mudanza del desdén y el halago de la gente,
se pone más allá de donde alcanza en vengativa luz la saña ardiente, y no del miedo pende y la esperanza.
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