Lleva Mario el ejército, y a Mario arrastra ciego la ambición de imperio; es su anhelar al cónsul vituperio, y su llanto a Minturnas tributario.
Padécenle los cimbros temerario; padece en sí prisión y cautiverio; fatigó su furor el hemisferio, y a su discordia falleció el erario.
Y con desprecio, en África rendida, después mendigó pan quien las legiones desperdició de Roma esclarecida.
¿Qué sirve dominar en las naciones, si es monarca el pecado de tu vida y provincias del vicio tus pasiones?
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